Canarias afronta una “crisis de modelo” en la gestión del agua y apuesta por la tecnificación y la sostenibilidad
La gestión del agua en Canarias se encuentra en un momento decisivo. Así se puso de manifiesto durante la ponencia del experto Felipe Roque y el posterior debate con especialistas del sector, en una jornada centrada en analizar los retos actuales y futuros del archipiélago en materia hídrica.
Un cambio de paradigma en la planificación del agua
Durante su intervención, Felipe Roque expuso que Canarias atraviesa una auténtica “crisis de modelo”. Frente al enfoque tradicional del siglo XX, basado en la disponibilidad de recursos naturales, el nuevo escenario exige una planificación centrada en la gestión industrial y normativa del agua.
Este cambio viene impulsado por la Directiva Marco del Agua, que introduce un enfoque ecosistémico: ya no se trata solo de garantizar el suministro, sino de alcanzar el buen estado de las masas de agua. Esto implica un mayor control de los vertidos, así como una revisión del modelo de costes, históricamente considerado como un servicio público subvencionado.
Inversiones estratégicas para resolver puntos críticos
En este contexto, el Gobierno de Canarias está movilizando cerca de 60 millones de euros destinados a actuaciones prioritarias en todas las islas:
– Tenerife: impulso al tratamiento terciario para reutilización agrícola y desbloqueo de la desaladora de Fonsalía.
– Gran Canaria: mejoras en la desaladora de Arinaga y optimización de las captaciones de agua de mar.
– Lanzarote y La Graciosa: avance en el complejo proyecto de conexión hidráulica entre ambas islas.
– Fuerteventura: ejecución de la desaladora del sur como infraestructura estratégica de emergencia.
– La Palma: reconstrucción de redes tras la erupción volcánica e incorporación de la desalación.
Además, se destacó un problema estructural: el “limbo administrativo” en el control de las aguas costeras, que podría derivar en sanciones europeas por falta de seguimiento de su calidad.
Innovación, energía y economía circular
El debate posterior puso el foco en la innovación como palanca clave del futuro. Desde el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) se trabaja ya en sistemas de desalación alimentados al 100% por energías renovables, capaces de adaptarse a la variabilidad del viento y el sol.
Por su parte, desde la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) se incidió en la necesidad de avanzar hacia un modelo de economía circular, abordando retos como la gestión de residuos derivados de la desalación o la reutilización de subproductos como la salmuera. La nanotecnología y los sensores para detectar contaminantes emergentes marcarán el desarrollo de la próxima década.
Gran Canaria, un modelo de referencia
Uno de los ejemplos destacados fue el modelo implantado en Gran Canaria desde 1995, basado en el uso de agua desalada o regenerada para el consumo en zonas costeras. Esta planificación ha permitido a la isla afrontar episodios de sequía sin cortes de suministro, reduciendo la dependencia de las precipitaciones.
Falta de talento: el gran desafío
Más allá de la inversión y la tecnología, los expertos coincidieron en señalar un problema crítico: la escasez de capital humano. Actualmente, existe una alta demanda de perfiles técnicos que no está siendo cubierta, lo que ralentiza proyectos y encarece las obras.
Además, se alertó de la desaparición progresiva de oficios tradicionales vinculados al sector, como especialistas en sondeos, fundamentales para determinadas infraestructuras.
Gobernanza y control de vertidos
Otro de los puntos clave fue la necesidad de reforzar el control sobre los vertidos industriales y urbanos. Aunque se apuesta por el diálogo y la concienciación, desde la administración se advierte que será necesario implementar medidas más estrictas para cumplir con la normativa europea.
Conclusiones: agua, seguridad y futuro
La jornada dejó claras varias ideas fundamentales:
– El agua se consolida como un recurso estratégico clave para la economía y la seguridad del archipiélago.
– Canarias avanza hacia un modelo altamente tecnificado, basado en desalación, reutilización y digitalización.
– La resiliencia del sistema dependerá de la innovación, la eficiencia energética y la ciberseguridad de las infraestructuras.
En definitiva, el archipiélago se enfrenta a un reto complejo que exigirá coordinación institucional, inversión sostenida y, sobre todo, la formación y captación de talento cualificado para garantizar un futuro hídrico sostenible.