La seguridad en trabajos en altura debe ser una responsabilidad compartida dentro de la empresa
Los accidentes en trabajos en altura no son solo consecuencia de un fallo del trabajador que está expuesto al riesgo. Detrás de cada operación existe un sistema completo en el que participan técnicos de prevención, responsables de equipos, personal administrativo, compras, almacén y dirección. La seguridad, por tanto, debe entenderse como una cultura colectiva y no como una responsabilidad exclusiva del operario.
Desde su experiencia como bombero e instructor en Prevención de Riesgos Laborales en Femepa, Alejandro Rodríguez Vega destaca que una de las principales debilidades actuales es que la formación en esta materia sigue concentrándose principalmente en los trabajadores que realizan directamente las tareas en altura, mientras que otros perfiles de la empresa que toman decisiones relacionadas con equipos, procedimientos o coordinación preventiva no siempre cuentan con los conocimientos necesarios.
Esta falta de conexión entre los distintos ámbitos de la organización puede generar riesgos que no siempre son visibles. Una decisión tomada desde un despacho, una compra incorrecta de un equipo de protección o un almacenamiento inadecuado pueden acabar afectando directamente a la seguridad de la persona que trabaja en altura.
La prevención cuenta con figuras esenciales como el técnico de Prevención de Riesgos Laborales, encargado de analizar los riesgos y establecer procedimientos seguros, y el recurso preventivo, responsable de vigilar que esas medidas se cumplen en el entorno real de trabajo. Sin embargo, su labor necesita del compromiso del conjunto de la empresa para que las medidas diseñadas se apliquen correctamente.
La formación juega un papel clave para crear ese lenguaje común. No se trata de convertir a todos los trabajadores en especialistas en prevención, sino de que cada persona conozca lo suficiente para identificar situaciones de riesgo y evitar decisiones que puedan comprometer la seguridad. Desde el personal de almacén, que puede detectar un equipo deteriorado antes de su uso, hasta los responsables administrativos que gestionan documentación preventiva, todos forman parte de la cadena de protección.
Uno de los aspectos donde más importancia tiene esta concienciación es en la gestión de los equipos de protección individual. La elección, compra y mantenimiento de un arnés, una línea de vida o cualquier otro elemento de seguridad debe responder a criterios técnicos y no únicamente económicos. Un equipo certificado puede dejar de ser adecuado si no corresponde con la tarea para la que se necesita o si no se conserva correctamente.
Además, ante un accidente en altura, los primeros minutos resultan determinantes. Una caída no termina cuando el trabajador queda suspendido del sistema de protección, ya que existe el riesgo del síndrome de suspensión, una situación que puede provocar consecuencias graves si no se actúa con rapidez. Por ello, la respuesta de emergencia debe estar preparada y conocida por todos los integrantes del entorno laboral.
La inversión en prevención no debe considerarse un gasto, sino una herramienta para proteger a las personas y garantizar la continuidad de la actividad empresarial. Los accidentes tienen consecuencias humanas, económicas y organizativas que pueden afectar gravemente a una empresa, mientras que una cultura preventiva sólida mejora la confianza, el compromiso y la seguridad del equipo.
La seguridad en trabajos en altura requiere algo más que cumplir procedimientos o disponer de documentación. Implica que toda la organización comparta una misma visión: que la prevención no pertenece únicamente a quien lleva un arnés, sino a todas las personas que forman parte de la empresa.
Alejandro Rodríguez Vega es Bombero del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria con 20 años de servicio
activo e instructor en Trabajos en Altura y Espacios Confinados. Desarrolla su actividad docente en Femepa.